En una larga noche de luna esplendorosa,
cuando las estrellas derraman su belleza y su candor,
aparece en mi pecho un suave aliciente para el amor;
pues fue en aquella noche serena
cuando pude reflexionar sobre lo que es
y lo que significa nuestra existencia.
He comprendido, en el silencio de la luz nocturna,
que provenimos de un deseo,
y que ese deseo nace primero
en la mente y en el corazón de quienes nos sueñan.
Venimos de una emoción, de una caricia tibia,
de cuidados nuevos y constantes
que, como manos invisibles,
fueron dando forma a nuestro ser.
Así, poco a poco,
aprendemos a habitar el sentido de la vida.
Y entonces aparece el amor…
misterioso, inmenso, indescifrable,
como un fuego que no se explica,
sino que se siente.
Todos sabemos, en lo más profundo,
que es un sentimiento hermoso,
que debe atravesar el fuego del tiempo
para poder ser comprendido;
y que, si no existiera,
la tierra estaría vacía de razón,
y el alma, huérfana de sentido.
Ilda Elena CM
-Hilena-
Nov 24-1996